Review House of the Dragon: Rhaenyra Triumphant

Review House of the Dragon: Rhaenyra Triumphant

Tras dos semanas en las que ha primado, para mí, el espectáculo por encima del guion, llegamos a un episodio que, de los que forman la primera mitad de la actual entrega, me parece el mejor. A continuación, os dejo mis impresiones sobre este Rhaenyra Triunfante.

Cuando se acercaba la hora de arrancar el rodaje de la temporada que se está emitiendo a día de hoy, se iniciaron los rumores que, tiempo después, se confirmaron: tendríamos en la tercera un “episodio conceptual”, alejado de lo que se había mostrado tradicionalmente en la serie y en la franquicia, y claro, a partir de ese momento, comenzaron las especulaciones al respecto. ¿Y a qué se estaban refiriendo los responsables de la ficción de HBO? Pues, ni más ni menos, que a un capítulo centrado exclusivamente en la figura de Rhaenyra Targaryen, recién ascendida al Trono de Hierro, y enfocado desde su punto de vista, en el que el espectador tiene una toma de contacto más cercana con lo que pasa por la cabeza.

Vamos, lo que viene siendo un episodio normal de toda la vida. Ahora resulta que han inventado la penicilina televisiva esta gente, no te jode.

Ésa es mi mayor queja (y casi diría que la única) del episodio, que se han echado las flores encima como si hubieran descubierto el fuego, cuando la televisión viene haciendo este estilo de capítulos desde que el medio existe, para explorar mejor las sensaciones internas de un personaje en cuestión, en este caso, Rhaenyra, y darle la profundidad debida, puesto que no deja de ser tu protagonista, para más inri. Digo más: un capítulo así (o varios) tendrían que haberle dedicado a la evolución de Daenerys Targaryen en la recta final de Juego de Tronos, para que no quedara un giro tan abrupto como el que vimos. Veremos qué deriva toma la actual monarca, pero sin duda lo visto en este 3×03 nos pone un poco mejor en situación a todos para que, cuando llegue el momento, comprendamos mejor su psique y las decisiones que tome (a menos que la caguen a nivel de guion, que no me extrañaría tampoco).

Por lo demás, como digo, es un episodio excelente. Creo que es el más redondo de los cuatro que he visto, insisto. Ya las dos semanas anteriores, la interpretación de Emma D’Arcy había rayado a un nivel superlativo, pero es que lo de hoy no podría haber salido adelante sin alguien como elle. Lo que decimos en Casa Spammer siempre al respecto de las nominaciones: este capítulo es el que deben mandar a los galardones televisivos, a menos que nos ofrezcan uno mejor de aquí a que acabe la temporada, que sería buena señal.

El pilar fundamental para que este 3×03 brille es D’Arcy, sí. Pero destaco la brillantez técnica para acompañar sus interpretaciones en todas las escenas que protagoniza, prácticamente el episodio en su totalidad. En cuanto a música, fotografía, dirección (otra vez Clare Kilner, que estuvo al frente del segundo y lo estará en el cuarto), han plasmado con muchísimo acierto lo que siente Rhaenyra todo el rato. Me ha fascinado ese ruido que irradiaba el episodio cuando se sentía sobrepasada por alguna situación, como en uno de los debates con su nuevo consejo privado, en el que cada uno de los presentes tiraba en una dirección, y ella tenía que decidir por qué lado decantarse. Ese agobio, esa respiración entrecortada y el sonido molesto alrededor de su figura para que el espectador comprenda su estado mental presente, no puedo más que aplaudir lo realizado aquí.

Rhaenyra acaba de perder a otro hijo, al que cree ver paseando por los pasillos de la Fortaleza Roja; ha conseguido su ansiada meta después de que Aegon se lo arrebatara por el ardid de los Hightower; y tiene que hacer frente al gobierno de todo un continente que se supone que acaba de salir de una guerra que ha enfrentado a los reinos por la discusión familiar de los Targaryen; y la gente exige comida, auxilio y paz. Es absolutamente imposible que ella esté bien, imposible. Y es un acierto tremendo de la serie, vuelvo a repetirme, que nos plasmen por lo que está pasando, logrado gracias a la combinación de varios factores que, hoy sí, completan un capítulo a la altura de lo que yo le pido a la serie.

Por si fuera poco por todo lo que ha pasado, hay tres cuestiones más acuciantes sobre la mesa de la reina que añadir a la coctelera encendida a fuego valyrio que es su cabeza ahora mismo.

La primera y que da pie a alimentar una vieja teoría de los seguidores más acérrimos de la saga: la Fe de los Siete y lo que opina acerca de los Targaryen. Resulta que la hija de Viserys tiene que ser ungida por el Septón Supremo, para que sea reconocida como la líder legítima de los Siete Reinos, como lo fue Aegon en la primera temporada. Lo que pasa es que el cabeza de la Fe en Desembarco no está por la labor, ya que él proclamó a su medio hermano, y, hasta donde él sabe, no ha fallecido, simplemente no está en la ciudad. Y esa conversación entre Rhaenyra y él nos deja una escena de lo más interesante para los que sean fanes de la conspiración de los maestres.

A grandes rasgos, y para no aburrir al personal, hay una buena parte del fandom que apoya que los maestres buscaron la caída de la dinastía Targaryen, dado que representan el pico más elevado de magia que el mundo ha contemplado desde los albores de la humanidad (la existencia de los dragones, básicamente), y ellos querrían erradicarlo para que gobernara en Poniente el uso del conocimiento, la razón y la ciencia. Esto nunca se ha llegado a confirmar, pero hay muchos seguidores de la misma, y yo, sin ser a día de hoy de los conspiranoicos, ni en este universo de ficción ni en ninguno diría, sí que veo puntos para respaldar esa línea de pensamiento. Y la escena de esta semana, el cómo se revuelve el Septón ante Rhaenyra y le espeta su opinión acerca de lo que representan ellos y los dragones, creo que va a alimentar de nuevo a ese sector del fandom, porque la amenaza es clara: atente a las consecuencias si rechazas a la Fe de los Siete. Veremos si la monarca escucha el aviso.

Por otro lado, y conectado con el punto de la religión: el pueblo. Sí, Rhaenyra “ha liberado” Desembarco de la opresión de los verdes, pero fue ella quien armó el bloqueo que cortó la entrada de recursos a la ciudad; ese detalle parece haberlo omitido en su discurso ante el Septo, por lo que sea. Un apunte: esa plaza, la de San Jorge en Cáceres, donde transcurre esa escena y otras a lo largo de la serie, no es la localización física. Crearon un set de rodaje en Inglaterra para no venir a España. Fatal esto, muy mal.

Me ha gustado mucho la escena con los peticionarios, y ese plano de la mano de la Reina agarrándose al trono, sin cortarse, por ahora. Pero, de entrada, la plebe le hace saber a su nueva regente que lo han pasado muy mal, y quieren soluciones. A corto plazo, Rhaenyra lo tiene complicado, puesto que Tyland Lannister ocultó el oro de la corona, y nadie sabe dónde. Me ha hecho gracia que lo primero que le ha preocupado cuando ha oído lo del oro ha sido acerca de su coronación; los ricos, ya se sabe. Así que la decisión que toma al respecto como medida de respuesta a las súplicas de su pueblo es dar un banquete para la nobleza capitalina; pero no uno cualquiera: rata a lo pobre (tenía que hacer la broma). Me encanta la escena con todas las ratas de dos patas que se sacuden muy pronto la responsabilidad y enseguida empiezan a lamerle las botas y a repudiar los verdes (no antes, claro, por lo que sea). Me parece un acierto de la lideresa Targaryen, aunque no sea una solución de continuidad, pero sin duda es una de las imágenes más destacadas que nos deja el episodio, a parte de los vistazos a la colonia de roedores que domina Desembarco tras la decisión de la segunda temporada de Aegon de cargarse a todos los cazadores de ratas por lo de Sangre y Queso.

Y en esta ocasión tan especial hemos conocido a otra de las incorporaciones de la temporada: Torrhen Manderly, que lo interpreta Dan Fogler, a quien hemos visto en la trilogía de Animales Fantásticos, o ya en televisión, en The Walking Dead o Hannibal, entre otras. Solo ha sido una toma de contacto inicial, pero el personaje ya me gana aquí. Tengo ganas de verle más, a ver qué aporta el personaje.

Y el tercer problema que se ha creado en este episodio nace del anterior, de esa breve escena de todos los Velaryon, y la promesa de Corlys de otorgarles el apellido a Alyn y a Addam. Me ha dado un ataque de risa en la cena que han compartido los tres con Rhaenyra, en la que el navegante le indica que “quizá lo había notado, pero son hijos míos”. La cara de Emma D’Arcy, es cine, sin más. Ahí ya no se ha mojado al respecto de la petición de su Mano de darles legitimidad como miembros de pleno derecho de su casa, y al nombrar caballeros a las tres Semillas de Dragón, Addam incluido, la Targaryen no le ha apellidado Velaryon, y ha desoído la solicitud del marino. Lo que nos ha llevado a otra de las mejores escenas del episodio, con él gritándole a la cara lo hipócrita que es, y recalcándole lo muy bastardos que eran sus dos hijos muertos, y el que le queda vivo de su relación con Harwin Strong. Brillante Steve Touissant aquí, y menudo momentazo nos han dejado. Veremos si esto abrirá un cisma entre ambos, o si Corlys continuará en su cargo de Mano de la Reina tras esto.

Ah, a todo esto. El otro pequeño inconveniente al que se enfrenta Rhaenyra es que Ormund Hightower le ha entregado como rehén al Daeron Targaryen falso. En la única escena del episodio en la que no está presente Emma D’Arcy, Daemon acude ante las tropas verdes para exigir su rendición, y el primo de Alicent le da al Príncipe Pícaro un chico que nada tiene que ver con su familiar, y, como vemos al final del capítulo, han tomado Ladera, y no parecen muy por la labor de volverse a Antigua. Para el que suspendiera la asignatura de geografía de Poniente, la ciudad de Ladera está situada al suroeste de Desembarco, a unas sesenta leguas, que vienen a ser casi trescientos kilómetros. No es una distancia corta, pero tampoco están demasiado lejos, y es un punto estratégico para lanzar una campaña contra la capital, si se diera el caso y contaran con un pretendiente al trono como Daeron, que, en ausencia de Aegon y Aemond, le colocaría como la figura sobre la que se fundamentaría la causa verde. Al chico ya le hemos visto en la serie, en el 3×01 concretamente, pero no se nos presentó como tal. Sabréis más de él en el cuarto, os lo adelanto. Por cierto: allí a Ladera nos han dicho que se ha trasladado la mujer de Hugh, a ver cómo responde él a estos acontecimientos.

No sé a dónde irá la relación de Rhaenyra con Daemon, pero sus escenas juntos me han parecido muy interesantes, a parte de lanzar algún dato de lore y mitología de la saga curioso (lo de la ciudad de los hombres alados, por ejemplo). Él parece empecinado en el enfoque de que los Targaryen deberían abrazar el lado conquistador y expandir su dominio por todo el mundo (menciona que podrían tomar Dorne, pobre ingenuo), y seguir el camino marcado por la profecía (ahora es el más creyente del lugar, qué cosas), mientras que Rhaenyra parece más preocupada por sacar otro día más adelante, cosa que comprendo dadas las circunstancias. Me hará gracia ver lo que sucede cuando se descubra que Rhaena es la jinete de Robaovejas, a ver qué decisiones toman cada uno.

Y por último, destacar que Alicent sigue teniendo su hermosa cabeza unida a su cuerpo, y continúa en la Fortaleza Roja con Helaena y la hija de esta, rehenes de la Corona. No solo eso, sino que Rhaenyra le pide consejo acerca de las cuestiones de gobierno del reino, escenas que nos pueden evocar el comentario de Mysaria de la semana pasada a Daemon acerca de si todavía existe ese vínculo entre ambas que nació de su crianza juntas en la corte. No sé hasta qué punto llegará la colaboración entre la Princesa y la Reina… perdón, la Reina y la Reina Viuda ahora; pero no tiene pinta de que la Hightower se vaya a mover en el corto plazo de la ciudad.

Y aquí concluye la review de hoy. Espero que os haya gustado el episodio tanto como a mí, y podéis dejar vuestros comentarios al pie de esta entrada. Nos vemos la próxima semana. Valar Morghulis.