Review House of the Dragon: Unbowed and Unbent

Review House of the Dragon: Unbowed and Unbent

Siento algo extraño con esta temporada. Me está gustando bastante, pero le veo las costuras. ¿En qué sentido? En que creo que la estructura de la temporada está demasiado condicionada por cómo aconteció la segunda. Es decir: los dos primeros de esta, el 3×01 y 3×02, se sintieron como lo que debería haber sido la conclusión de la anterior, y del 3×03 a este del que os hablaré hoy, Unbowed and Unbent, los percibo como el arranque de entrega, más calmados, preparando el terreno para lo que se viene, pero con el inconveniente de que ya hemos inaugurado la segunda mitad de tercera, y serán ocho episodios los que la compondrán, por lo que no deben andarse con demasiados rodeos (ya han dado algunos, y se nota estirado en ciertas partes). Sin embargo, están logrando que, a pesar de sus defectos, me está entreteniendo y las virtudes se están imponiendo por ahora. Vamos al lío.

Como decía antes, este tampoco ha sido un capítulo frenético, pero no necesita serlo, porque ya han comenzado a dar pasos en varias direcciones que convergerán o explotarán a no mucho tardar algunas, otras quizá más hacia el final.

Una de esas tramas es la de Criston Cole. Dije en la review anterior que quería ver más de él; pues toma dos tazas. Esto que os diré a continuación no es una regla no escrita en televisión, sino que es algo que, con el paso de los años y la experiencia viendo series, he acabado aprendiendo, y en Casa Spammer lo comentamos de tanto en tanto. Hablo de lo que voy a llamar a partir de ahora “La balada del secundario”, y me explico.

Cuando tú tienes una producción televisiva en la que tu elenco es lo bastante numeroso como para categorizarlo en principales y secundarios, cuando uno de estos últimos tiene un rol exiguo por no decir intrascendente en la trama global, y llega un momento en el cual, por el poder del guion, cobra mucha relevancia, incluso eclipsando a los protagonistas, pueden suceder dos cosas: una, que acabe “ascendiendo” y pasemos a considerarle principal; o que muera y ese crecimiento en cuanto a importancia sea como una especie de homenaje que se permiten antes de despedirle.

Con Criston Cole tenemos la segunda opción.

Y no es porque sepa su destino porque he leído Fuego y Sangre, que también, por supuesto. El hándicap para los lectores es que sabemos las líneas maestras, pero como Condal ya ha cambiado muchas cosas, pues nunca se sabe cuál más va a tocar. No creo que el camino de Cole vaya a variar demasiado a estas alturas, pero hasta que no salga en pantalla, no se puede afirmar con rotundidad plena. No, no es tema de saber del libro; es una cuestión de que, tras casi una temporada entera en la que ha carecido de relevancia de peso, y con un papel a nivel global en la serie que no ha dejado a casi nadie un buen sabor de boca, tanto a lectores como a no lectores, hoy le hemos tenido protagonizando este 3×05, con algunos de los mejores momentos del mismo y diciéndonos él, literalmente, que se dirige a su muerte. Blanco y en botella. Criston Cole huele a pino que tira para atrás (bueno, a más cosas después de todo el trayecto por las Tierras de los Ríos); la pregunta es cuándo pasará.

Por el momento, no exagero si digo que quizá este Unbowed and Unbent sea el que contenga alguna de las mejores escenas del personaje, no ya de la temporada, sino de la serie. El discurso final, con el montaje saltando a diferentes puntos mientras se vinculan con los Dioses que va citando, unido al momento en el que ya se sincera con Gwayne, me han parecido geniales. No es que Fabien Frankl sea el más destacado del elenco, pero creo que ha hecho un buen trabajo aquí. Me repatea un poco que tras Reposo del Grajo en la segunda le hayan puesto encima un manto nihilista del que no se va a desprender en lo que le queda de serie, pero bueno, poco se puede hacer ya.

¡Ha vuelto Aemond! Sí, ya sé que le cae mal a mucha gente, pero empezaba a preguntarme cuándo iba a aparecer de nuevo, si lo hacía ya esta temporada (esto es una exageración, estaba claro que saldría otra vez). Y la gracia de todo esto es que siempre ha estado en Harrenhal, oculto de mala manera por Alys Ríos (lo de la trinchera a base de muebles en los aposentos…), que ha estado bastante ocupada espantando a los valientes que se han atrevido a pisar la fortaleza maldita con tal de encontrar al tuerto y cobrarse la recompensa ofrecida por Rhaenyra capítulos atrás. Ha servido de paso para ver en acción a la mujer, que ya en la temporada anterior podríamos especular al respecto de cuán maga o bruja era, pero ya con alguna de las escenas de hoy tenemos más pruebas. Y de paso nos ha ilustrado con algo de historia del lugar, que yo creo que la mayoría de espectadores conocíamos, pero el relato lúgubre con algunos efectos de sonido acompañándolo siempre es disfrutable. Hablando de sonidos: ¿alguien más ha escuchado como rugidos o ruidos guturales, o solo yo? Lo digo porque, cuando Aemond deambula por los pasillos, parece oírse algo de fondo que nunca se llega a mostrar y Vhagar, nos ha dicho Alys, y hemos visto por los rastros encontrados por Cole y Baela y Addam, está dando vueltas por las Tierras de los Ríos, y no está allí, así que no es la dragona lo que provoca esos ruidos. No sé si lo responderán, pero me ha llamado la atención.

Con Aemond temo que hagan un Daemon 2.0; o mejor dicho: temería. Lo digo por lo que he comentado antes al respecto de la estructura de la temporada. Quedan tres episodios para el final, y me extraña que se tire el personaje ya lo que resta de entrega allí sin hacer nada más, porque se sentiría repetitivo el ver de nuevo a Alys jugando con la mente de otro Targaryen susceptible, y en peores condiciones que las del Príncipe Pícaro. Además, parece también tener pesadillas, o sueños extraños, relacionados con su hermano Aegon y fuego. ¿Proféticos, o producto del estado mental del personaje? Veremos.

Nos vamos precisamente a ver qué ha hecho el Rey; bueno, según a quién preguntes. No los hemos visto a él y a Larys mucho por Reposo del Grajo, sino que parecía el Targaryen bastante empeñado en irse a buscar a Aemond, para vengarse por toda una vida de traumas que dice haber padecido a su costa. Es curioso la construcción paralela que han realizado entre ambos aquí, cada uno quejándose del otro, y me ha gustado ese conjunto de escenas comparativas. Pero seamos claros: aquí, el origen de todo lo mal que está en esta familia no es por las acciones de estos chicos, viene de antes. Y sí, miro a Alicent y Viserys, y antes a Otto por montar la trama, pero tampoco pretendo hacer un análisis psicológico de toda esta gente, me da algo antes de empezar.

Uno de los momentos más satisfactorios del episodio, y diría de la temporada y no sé si de la serie en sí, ha sido cuando Larys le ha espetado cuatro verdades a la cara a Aegon, y se ha ido tan pancho después. Merecedísimo todo lo que arguye el aliado del Rey, ¿pero cuántos habéis pensado que el chico se lo cargaba tras semejante cascada de insultos? Con la escama, además. Mucho la enfocan para que no la use en ningún momento el personaje, a ver si acaba siendo la escama de Chejov o mero atrezo.

No ha durado mucho la excursión, como tampoco su tapadera, dado que el pieza que mandaba en semejante estercolero de fortaleza les ha escuchado gracias al chivato que no paraba de mirarles desde el capítulo anterior, y la curiosidad le mató como al gato; o mejor dicho, se lo ha cargado Aegon. Es lo que pasa por meter las narices donde no te llaman, y escuchar conversaciones ajenas está feo, niños. Y a esa charla que ha precedido al trágico incidente me quería referir: ¡Tyland no estaba muerto, estaba de parranda! Al que dábamos como baja segura tras la Batalla del Gaznate ha aparecido por Reposo del Grajo como quien va al mercado a comprar algo de fruta y se encuentra con un vecino. A Larys no le ha convencido demasiado la propuesta de llevar a Aegon a Roca Casterly, pero está claro que tendrán que ir a algún lado tras descubrirse su tapadera en ese lugar. Esta trama me despierta mucha curiosidad, para qué negarlo, aunque no sé si para bien, o para mal. Por cierto: nueva mención a que Fuegosol está muerto. Tanta insistencia me mosquea.

Dos que no han salido mucho pero siguen gustándome mucho han sido Ormund y Daeron, que nos han dejado una escena muy tensa, otra vez muy significativa de cómo han transcurrido los años para ambos, aderezada con una dosis de lore de Poniente y, en concreto, del rol de la casa Martell en la historia de los Siete Reinos, que me ha parecido otro de los momentos destacados del episodio. No sé qué les deparará a estos dos, pero que esa relación no va a acabar bien, se huele a kilómetros. Por ahora, el primo de Alicent ya se nos ha revelado que está financiando a los agitadores de Desembarco, mediante monedas acuñadas con el rostro del chaval, anunciándolo como nuevo monarca.

Y como ya hemos pasado mucho rato de la review fuera de la capital, volvamos allí.

Precisamente la Reina Viuda ha tenido mucho protagonismo también hoy, como el resto de sus hijos, que sin duda han copado más atención en dos semanas que en todo lo anterior visto en la temporada. El 3×04 nos dejaba con la revelación de que Helaena estaba embarazada, lo que ha traído las acciones lógicas, materializadas en la tentativa de aborto que ha pretendido administrarle Alicent a su hija, negándose ella en rotundo. El momento en el que la matriarca Hightower ha tenido que tragarse el brebaje delante de Mysaria me ha sentado mal hasta a mí, y gran trabajo de maquillaje en la escena posterior, porque parecía que a Olivia Cooke le iba a dar algo allí mismo.

La cuestión ha ocupado todo el episodio para ellas, y también para la consejera de Rhaenyra, que ha descubierto el pastel, y no sabemos hacia qué lado se decantará, si se lo contará a la Reina, o se lo callará para ganarse ese favor futuro de los Hightower que le promete Alicent. El tira y afloja entre ambas me ha gustado también, y, por mucha devoción que haya demostrado Mysaria a la Targaryen, han dejado un atisbo de duda en el espectador que me hace pensar que tan ferviente seguidora de ella, no es; o sí, el tiempo me quitará la razón, o me la dará.

También quería destacar algo que ha estado acompañando a Helaena durante este episodio, y que ha salido en anteriores, pero que no había hecho hincapié porque pensaba que sería un mero detalle, pero ya tras este, no voy a obviar: las mariposas de Naath. Vimos el cuaderno que leía la joven Targaryen hace unas semanas junto al arciano, y hoy directamente ella le ha dicho a Jahaera, su hija, que la oruga que había en la planta era tóxica y que no debía acercarse a ellas, además del plano de Helaena mirando a la jaula donde tiene un ejemplar. No sé si son las mismas que las de esa región, y que figuraban en el cuaderno mencionado, pero dentro del lore de Canción de Hielo y Fuego, la región de Naath es mundialmente conocida por una extraña enfermedad que asola a aquellos extranjeros que la visitan, y de la que son inmunes los nativos, y se transmite por las mariposas. De allí era Missandei, la esclava que liberó Daenerys en Juego de Tronos y que pasó a su servicio, y allí se dirigió Gusano Gris en el desenlace de la serie. Ahora sabéis que fue a morirse, porque la enfermedad se lo llevará por delante; otra lamentable nota del cierre de la serie, en fin.

El tema está: ¿a qué viene tanto interés en mostrarnos lo de las mariposas? Mucha gente ha especulado con que era una forma de tirarle pullas a Martin por parte de Condal y su sala de guionistas, porque el autor había criticado en su blog todos los cambios habidos y por haber en la serie aludiendo a aquello del aleteo de la mariposa y el efecto dominó. Pero claro, ya con varias escenas a este respecto, me da la sensación de que va más allá de un mero escarnio al escritor. Creo que va a tener alguna relevancia en lo que queda de temporada, como lo pienso de la escama de Fuegosol, o la propia insistencia en que está muerto cuando ya no debería hacer falta repetirlo tanto.

Sea como fuere, una herramienta que han empleado en Desembarco esta semana, siguiendo el consejo de Alyn, son los gatos. Los animales han empezado a campar a sus anchas para intentar cortar de raíz la plaga de ratas que hay por toda la Fortaleza, y uno de estos ha conducido a Alicent y a Helaena a uno de los famosos pasadizos del castillo, esos que ya hemos visto usarse durante la serie y que fueron construidos por orden de Maegor el Cruel, unos cuantos años antes. No obstante, la excursión no ha ido como esperaban, porque se han quedado atrapadas en el túnel, aunque supongo que saldrán de alguna manera. A ver qué pasa con ellas la semana que viene.

¿Os acordáis de la señora Frey? Rhaenyra tampoco. Jace sí que se acordaría, puesto que acordó con ella que le entregaría Harrenhal si dejaba pasar a los norteños por los Gemelos, y la noble ha acudido a la capital a exigir el pago. La monarca ha pasado olímpicamente de ella, pero ha dejado que se siente en el Consejo, lo que ha dado lugar a una de las escenas más divertidas del episodio, con Tohrren Manderly y ella cotilleando de las cuestiones que se iban tratando en la charla del Consejo, e indicando quién era quién; muy sutil la señora para referirse a Mysaria como la “ramera”, y especial mención a las caras de Daemon presenciando los cuchicheos.

Pero de aquí salen varias líneas maestras del episodio: el tema de Vhagar aludido antes; los avances de Cole por las Tierras de los Ríos, también comentado al inicio; y un par de Capas Doradas asesinados.

Por cerrar la cuestión de la dragona de Aemond, he comentado antes que hemos tenido a Baela y Addam patrullando la región en su busca, pero no la escena en sí. Y es que supongo que algún uso le tienen que dar al personaje de ella, porque desde el Gaznate apenas había aparecido, y tampoco es que me haya dicho nada su momento aquí, más allá de provocarme la siguiente pregunta: ¿los van a liar? Porque esos comentarios de él hacia ella, no sé qué pensar. Que lo mismo no va a nada, pero me han llamado la atención.

Y centraré la parte final en torno a la patrulla de la ciudad, que ha sufrido un golpe, diría, definitivo con lo visto hoy. Y es que ya en semanas previas Daemon había advertido a Rhaenyra de que no podían dejar descuidada la guardia, y debían cobrar el sueldo que les correspondía, y hoy hemos asistido a su malestar al respecto, expresado por el Príncipe Pícaro directamente y por Luthor Largent, además de por otros miembros, lo que nos ha conducido a una arenga del Rey Consorte que recuerda a aquella de inicios de la serie, y que sin duda demuestra las ínfulas de grandeza que tiene este hombre, lo cual no le quita ni un ápice de carisma (aunque insista en conquistar Dorne otra vez, pobrecillo; por cierto, mucha mención a la región y a los Martell hoy, incluido el propio título).

Pese al descubrimiento que realizan de boca de uno de los contratados para las revueltas, todo eso queda en agua de borrajas porque tan solo es un peón en una conspiración mayor que lleva a la matanza de los capas doradas, presentados en un banquete de traidores como cierre del episodio mientras Cole menciona al Desconocido, que les ofrece descanso. Oye, cine todo esto.

Rhaenyra tenía problemas nada más empezar su reinado, y cada semana parece que la cosa avanza más rápido hacia la decadencia de su mandato, sin que haya podido llegar a hacer nada real, como aquel que dice. Sí, alimentar a la plebe durante un tiempo es un parche, pero el haber señalado a los nobles, tener un Consejo que hasta hoy no ha dado la impresión de ser uno medianamente funcional (y con más discordancia que utilidad práctica), la Fe que la ha ignorado por completo, y ahora su brazo armado que ha quedado diezmado con los subterfugios de Ormund desde las sombras, no puede ser señal de nada nuevo para la monarca, que auguro que se hundirá más en su paranoia y no creo que eso lleve a algo bueno.

La conversación de Rhaenyra y Daemon en el septo, allí donde ella pasaba muchos ratos con Alicent, se ha sentido totalmente distinta a las que compartía con la que fuera su amiga, y por mucha deferencia que crea ella que debe mostrar a los Siete, me da que ellos no están demasiado a su favor. No es por darle la razón a su esposo, pero desde luego la Fe no es aliada suya, y este momento y la conversación tras la reunión del Consejo me han gustado muchísimo, porque ya demuestra una dinámica de distanciamiento cada vez más pronunciada, y todavía no sabe ella lo de Rhaena.

Por cierto, a nadie parece importarle mucho, pero ha vuelto a la capital Joffrey, el hijo menor de Rhaenyra con Harwin… con Laenor Velaryon, perdón. Ni su madre le ha dedicado tiempo, así que yo tampoco, más allá de mencionarlo, ya que imagino que tendrá alguna relevancia futura.

Otro episodio que dejamos atrás y que empieza a cimentar una recta final de temporada que pinta de lo más frenética, y con muchos frentes abiertos y ninguno demasiado positivo para Rhaenyra y su reinado. Veremos cómo sigue esto, pero, por ahora, la entrega sigue en muy buen estado de forma, al menos para mi gusto. Valar Morghulis.