Stargate Atlantis: subiendo la apuesta… y ganando

Stargate Atlantis: subiendo la apuesta… y ganando

Hace unos días, inicié lo que pretendo que sea un ciclo de artículos sobre una de las sagas de ciencia ficción más importantes e interesantes de lo que llevamos de siglo (y la parte final de anterior), el universo Stargate. Os hablé, en primer lugar, de SG-1, la que abrió el camino que no solo sus series sucesoras siguieron, sino muchas otras obras del género que han sido estrenadas después de ella. Ahora toca analizar el primer spin off que generaron los fundamentos que estableció la serie madre, Atlantis.

Situémonos. Stargate SG-1 lleva seis años emitiéndose, y llegamos al final de su séptima entrega. Durante años, ha ido creando un fandom importante en Estados Unidos, y también ha logrado cruzar fronteras, gracias a un producto fresco, distinto a lo que el espectador está acostumbrado a ver en ese momento (hablamos de los primeros años del actual siglo), y la cadena (Syfy) busca ir un paso más allá. La enorme cantidad de episodios de SG-1, con muchísima información acerca de las civilizaciones antiguas de las que nos han hablado durante tantas temporadas, ha logrado sentar las bases de una rica mitología, que gira en torno a la raza de seres que habitaron la Tierra, antes que los humanos, y que poseían una tecnología de lo más avanzada, que les llevó a crear una ciudad de la que muchos de nosotros hemos oído hablar alguna vez: la Atlántida. Numerosos mitos se han ido difundiendo con el paso de los siglos en nuestro planeta acerca de los orígenes, la localización, su existencia, y su desaparición, y es un material de lo más jugoso para explorarlo, así que los creadores de Stargate pensaron que sería una buena idea que los Antiguos, en algún punto de su brillante desarrollo, crearon la famosa ciudad, y que el primer spin off de la saga estuviera relacionado con la misma… y acertaron.

Era una apuesta arriesgada, porque veníamos de siete temporadas con el mítico equipo y de sus múltiples aventuras y desventuras, ya les queríamos a todos como si fueran miembros de nuestra propia familia, y ya nos habíamos acostumbrado a los goa’uld, los asgard y compañía. Abrir toda una galaxia de posibilidades podría parecer abrumador de primeras, pero el resultado final terminó dando la razón en los que pensaron al principio de todo que la aventura intergaláctica podría salirles bien.

Y es que nos vamos a la galaxia Pegaso, donde está ubicada la famosa ciudad perdida y, cómo no, el deseo irrefrenable de la raza humana por conocer más, saber más, y explorar más, les lleva a enviar una delegación para establecer allí una base, y viajar a los planetas que componen esta nueva frontera espacial. Eso sí, ya no solo es cosa de los americanos: tenemos presencia mundial en este equipo que viaja a Atlantis (¡en varios episodios se pueden ver trabajadores con la bandera española en sus casacas!), lo que abre todavía más si cabe los horizontes de esta serie. Es evidente que la presencia norteamericana sigue siendo la dominante, pero la mezcla de culturas no le vino mal a Atlantis.

Decía, que el ser humano es curioso por naturaleza, pero ya sabéis qué dicen de la curiosidad. Es así como llegamos a uno de los grandes puntos de esta ficción: los Espectros, los principales enemigos del equipo durante las cinco temporadas de la serie. En su primera misión viajando por Pegaso, los humanos despiertan al gigante dormido, que se convertirá en su némesis durante toda la trayectoria de Atlantis. Todo héroe necesita un gran villano para ofrecernos un buen producto, y lo cierto es que los Espectros lo fueron. Aparentemente monstruosos, derrochan un carisma y una inteligencia superiores a las de, sin ir más lejos, los goa’uld (esta es la primera de varias comparaciones entre SG-1 y Atlantis, es inevitable). En perspectiva, esa es mi opinión tras ver los productos, pero de la misma forma que afirmo esto, también me gustaría dejar clara una cosa: cada cosa en su contexto. No es lo mismo una serie que empezó a finales de los noventa que una que arrancó ya empezado el siglo XXI. Las necesidades del espectador son diferentes, y los gustos han cambiado. Cuando el spin off inicia su camino, ya estábamos de lleno en la época dorada de la televisión, y ahí ya se comienza a exigir algo más a las cadenas creadoras de contenido. Por lo tanto, los goa’uld sirvieron su propósito como principal rival del SG-1, y los Espectros están a la altura de las circunstancias y las condiciones propias de la primera década de los 2000.

Además, otra de las diferencias es que, en cinco temporadas con estos enemigos, te queda la sensación de que los conoces más que en toda la trayectoria de SG-1 con los goa’uld o, al menos, que has visto más capas y más aspectos de ellos que de los otros. Sin ir más lejos, personajes como Todd o Michael nos dejan algunos de los mejores momentos de Atlantis, cuando se enfrentan al equipo titular, y les ponen en jaque en más de una ocasión, obligándolos a arriesgarse al máximo para salvar la situación.

He aquí otro de los grandes puntos de Atlantis: cuando acabas una temporada, piensas lo cerca que ha estado la catástrofe mayúscula, porque los escenarios de fin del mundo son muy habituales, y no cosas puntuales para cierres de entregas, o finales de mitad de curso, que también. Capítulos sueltos, autoconclusivos, encierran más peligro que algunos puntos y aparte. Eso denota una mayor ambición y un intento de querer diferenciarse y desmarcarse del estilo de la serie madre, y le sienta de maravilla. De hecho, me atrevería a decir que las Series Finale de ambas son el reflejo perfecto de cada una. La de SG-1 apela a las emociones, al vínculo que has creado con ese equipo durante tanto tiempo, y la situación planteada hace que todo ello aflore más. La de Atlantis es una oda a la épica, recurrente durante sus cinco entregas de vida y pone un punto y final (a pesar de haber sido cancelada) brillante, subiendo todavía más la apuesta si cabe.

Aunque he destacado que se sabe desmarcar muy bien de la forma en que SG-1 contó las cosas, también es meritorio lo bien que le saca partido a toda esa mitología creada con antelación. Aprovecha enemigos de la serie madre, personajes, escenarios, situaciones, todo ello dentro del contexto de la historia que cuenta y de forma de lo más orgánica, recurriendo a esos recursos cuando lo necesita y sin forzar las circunstancias. Hay mucha serie que crea un producto secundario y parecen completamente independientes; este no es el caso, porque ambas se retroalimentan a la perfección. Recordemos que las tres últimas temporadas de SG-1 convivieron con las tres primeras de Atlantis, e incluso con la primera acabada, la segunda sigue nutriéndose de la previa a las mil maravillas.

Pero no he hablado de otra de las grandes bazas de Atlantis: sus protagonistas. La manida muletilla “es una serie de personajes” se puede aplicar perfectamente aquí; no sería tan utilizado si no tuviera su sentido. Vienes de conformar un cuarteto de lo más carismático y que se ha ganado los corazones de tantos y tantos espectadores, por lo que conseguir lo mismo en tu nueva serie es, cuanto menos complicado, pero también lo lograron. Al igual que en SG-1, tenemos rotaciones en la alineación principal, pero el núcleo duro compuesto por John Sheppard, Rodney McKay, Teyla Emmagan, Ronon Dex y la doctora Elizabeth Weir es el que más tiempo perdura durante el desarrollo de la serie, y el que nos deja los mejores momentos. De aquí, los más importantes, in my opinion, son Shepard y McKay, aunque tanto los otros mencionados como otros secundarios (el doctor Radek Zelenka, el doctor Carson Beckett, la doctora Jennifer Keller o Richard Woolsey, entre otros) también tuvieron sus momentos importantes y fueron aportaciones de lo más enriquecedoras.

John Sheppard es un militar cuyo pasado militar es fundamental en todo su desarrollo, porque, sin ir más lejos, muchos dudan a priori de su aptitud para liderar la misión en la nueva galaxia, bajo la supervisión de la cabeza del proyecto, la doctora Weir. El viaje de Sheppard durante esas cinco temporadas es otro de esos grandes arcos que nos ha dejado la televisión, yo diría incluso un arco de redención, ya que  tras todos los errores cometidos en la Tierra, es capaz de encontrar la paz consigo mismo, y salvar a la galaxia Pegaso en más de una ocasión gracias a sus heroicas acciones, a la altura de un gran hombre como él. Nuestro pasado nos define, pero eso no significa que podamos hacer algo para cambiarlo, y John es la prueba viviente de que un viaje como el de Atlantis puede suponer un nuevo comienzo y una oportunidad para enmendar lo vivido y aprender para el futuro.

Rodney McKay (¿o debería decir Meredith?) es el equivalente a lo que es Samantha Carter en SG-1 (aunque él se considera más inteligente que Sam). La principal mente científica de la expedición y la que aporta las soluciones más rocambolescas y arriesgadas a los problemas más inverosímiles de resolver… y no son pocos. Es uno de los personajes que conocimos en la serie madre que pasa al producto secundario, y comienzas por no soportarle y acabas cogiéndole cariño y queriéndole tal y como es, aun con sus manías y sus particularidades. Es otro de los grandes personajes que nos deja Atlantis, y que protagoniza algunos de los mejores momentos de la serie, y también con una evolución marcadísima, puede que incluso más que la de Sheppard, y ya es decir.

Muchas veces no se consigue sacar adelante proyectos secundarios de una saga, a pesar de que esta sea exitosa (ejemplo: Caprica respecto a Battlestar Galactica), y se quedan muchos intentos en el camino. A pesar de que me quedara la sensación de que Atlantis podría haber seguido durante mucho más tiempo, y contarnos más historias, siento que las cinco entregas (y cien episodios) que la componen cierran la historia satisfactoriamente y logran conformar un producto de más calidad que su predecesora, en cuanto al apartado técnico se refiere, y en cuanto a la ambición de la historia que nos quiere contar, con un gran elenco de personajes y momentos increíblemente épicos. Los que apostaron por el proyecto tras el éxito de SG-1 salieron ganando, y nos regalaron una de las mejores series de ciencia ficción emitidas hasta la fecha, que recomiendo encarecidamente a todos los que leáis estas líneas si es que no la habéis visto.

PD: diría que se puede ver independientemente de SG-1, pero siempre es mejor ver la predecesora para comprender mejor el contexto y algunas de las situaciones que se dan en Atlantis, así como a los personajes que van pasando por ella que vienen de la serie madre.

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