Crítica: Blade Runner 2049

Crítica: Blade Runner 2049

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto cómo en 2017 se hace una secuela de una película de culto y ésta casi 30 años después consigue ponerse a la altura de la original. Había muchas ganas de ver qué hacía Villeneuve con Blade Runner 2049, sobre todo después de aquel aluvión de críticas positivas en los pases previos al estreno. Ya la hemos podido ver y estas son mis impresiones.

Era muy difícil pero Denis Villeneuve lo ha logrado, ha conseguido mejorar en muchos aspectos a la cinta de Ridley Scott, logrando hacer una película que en el futuro será recordada como una de las mejores secuelas jamás hechas. El director consigue sumergirte en el mundo de Blade Runner desde el primer minuto gracias a una fotografía brillante en la que casi cada plano es oro; rara es la escena que no tenga ese toque estético tan propio de la película, ya sea una conversación banal o el momento más importante del film.

Al igual que la primera entrega, Blade Runner 2049 está orientada al thriller con aspectos muy psicológicos y filosóficos. En esta conocemos a K, un replicante utilizado como blade runner que tras completar una misión descubre unos restos que podrían cambiar todo lo establecido de revelarse, por lo cual deberá buscar y eliminar cualquier rastro de dicho hallazgo. Esta nueva entrega es un film de investigación puro y duro, así que cualquiera que vaya esperando una película repleta de acción le aviso que seguramente se sentirá muy decepcionado.

Argumentalmente la película es convincente, pero por el contrario en muchas ocasiones su ritmo puede llegar a ser exageradamente lento, costándole horrores avanzar. El otro punto flojo de Blade Runner 2049 está en que a mi parecer, la trama peca mucho de las casualidades y en una cinta tan cuidada en todos los aspectos, esto es algo que para mi chirría mucho más.

Hablar del reparto es un poco absurdo, ya que aunque prácticamente todos cumplan con creces, la película recae en totalmente en los hombros de Ryan Gosling, quien hace un papelón y consigue que te olvides de Deckard en los primeros minutos.

Puede que le falte algún momento mítico como los que tenía su predecesora, pero con esta segunda parte de Blade Runner Villeneuve ha callado a todos los que tenían dudas del proyecto, consiguiendo (otra vez) una de las mejores películas de ciencia-ficción de la década.

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