Crítica: Hell or High Water (Comanchería)

Crítica: Hell or High Water (Comanchería)

La película es buena, eso que vaya por delante. Mi problema es que la vi con unas expectativas altísimas y no salí del todo contenta… pero ese es mi problema,  porque es una buena película que seguro que a muchos os encantará. Está muy bien dirigida, las actuaciones son brillantes y el mensaje que transmite la película es claro, intenso y directo.

La película transcurre en la actualidad, pero respira cierto aire de épocas pasadas que se trasluce a veces en nostalgia y otras veces en una desazón enorme que nace de la inevitable dialectica de la historia.

Nos presentan a cuatro personajes masculinos, cuyos dramas son extremadamente predecibles, pero aún así adquieren sentido dentro la historia. Tenemos a dos tipos más o menos normales, a quienes una vida muy dura ha obligado a delinquir, uno es un poco más temerario y el otro parece más sensato, pero en el fondo ambos son hombres de buen corazón. Desean mantener el rancho de su difunta madre, que está hipotecado,  para cedérselo a los hijos de uno y sobrinos del otro. No quieren hacer el mal por el gusto de hacer el mal, no pretenden enriquecer a ellos mismos, no tienen planes ni esperanzas de futuro: el bala perdida cree que si vida ya está terminada y el otro sólo piensa en sus hijos. El banco va a ejecutar la hipoteca del mencionado rancho, a menos que puedan reunir una enorme suma de dinero y cancelar la hipoteca. Así que los hermanos se proponen conseguir ese dinero a través de robos a las sucursales del mismo banco.  Se supone que planean todo bien, intentan no herir a nadie, no quieren matar e incluso evitan robar a cualquiera que no sea la propia entidad bancaria.

Los actores son bastante creíbles, pero es una dinámica que hemos visto mil veces, en este sentido Comanchería no aporta nada especial. Los hermanos tienen formas de ser opuestas, nada nuevo tampoco aquí y como suele pasar en estos casos, uno es introvertido y cabal y el otro es un bala perdida. Pero aun así se quieren, e incluso  lo manifiestan verbalmente. Frente a ellos tenemos otro bromance: el sheriff y su subalterno, un mestizo católico de origen nativo americano y mexicano, quien es continua diana de los chistes racistas del sheriff blanco.

A la película le falta sutileza, de manera que casi todo personaje que abre la boca, hace alguna alusión a la forma en la que los banqueros han devastado al pueblo. La camarera se lamenta porque no puede mantener a su hijo, los clientes del restaurante hablan de los bancos y de sus hipotecas depredadoras e incluso tenemos algún que otro monólogo sobre la pobreza. Por si todo esto fuera poco la atmósfera es triste, pobre, muestra un entorno tan deprimido que parece que lo único que se pueda hacer es robar bancos. Y además, puesto que mucho tiempo transcurre entre carreteras, rozando el roadmovie, vemos como toda la zona está minada de carteles de “Se vende”, “Ejecución de hipoteca” , “préstamos” y demás anuncios por el estilo.

La fotografía es muy buena, completamente al servicio del mensaje que desea transmitir la cinta. Además me gusta el filtro de color que tiene la película y creo que hay unas escenas que están realmente bien dirigidas, sobre todo las escenas de acción.

La película es un thiller de persecución:  hay tiroteos, atracos, ladrones y policías. Pero todo está teñido con la miseria de la crisis económica y una denuncia directa a las fuerzas económicas que se presentan como peores criminales que los dos hermanos juntos.

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